martes, 6 de enero de 2026

los caballos de gava II

el tipo está parado frente al espejo

sabiendo que no va a ser capaz 

de escribir un gran poema

que sea leído en salones de piedra

o recordado por profesores

sonríe el tipo

lágrima y silencio

piensa en los mates que se tomó esa tardecita

en el olor al pasto

los caballos que vio a lo lejos

los dedos congelados

manubrio de bici

el barro y los puentes mínimos

capaz no hace falta escribir ese gran poema

capaz




viernes, 26 de diciembre de 2025

en todas esas ocasiones

sentado en las raíces de un árbol 
enredado en unas sábanas blanquísimas
dentro de un sobre verde
desnudo una noche de lluvia
lleno de miedo 
borracho hasta los huesos
arriba de las montañas infinitas
sintiendo nauseas
en un patio vacío
sobre el final del tiempo
adentro de una nuez
hasta soñando
en los ojos del tigre
perdido en el bosque antiguo
llorando como un nene
entre dos calesitas prendidas
fumando puchos en una puerta
con la cara desfigurada
siempre atropelladamente
atravesando más de mil kilómetros
con las manos y con el pecho
apretando los dientes de bronca






26 de diciembre 17horas

 Llueve. Pasé la navidad con la familia de P., lleno de marplatenses. Un poco fue como sentirse en casa. Comí de todo un poco y nos quedamos jugando al truco hasta las 4am. Bastante bien, no extrañé nada las navidades entre cuatro que hacemos con mi familia. La próxima navidad, si es que la paso allá, seguramente les diga de hacer algo distinto. Salir a comer, juntarnos con otra familia, algo, lo que sea.
Me regalaron tres cosas, todas buenas: una campera de invierno marca Zara, una pelota de basquet cero kilómetro y una taza con un osito. De las últimas navidades, seguramente haya sido la que más regalos recibí. 
No recibí demasiados saludos, pero ta bien. Tampoco pasa tanto.

viernes, 19 de diciembre de 2025

siempre pensé que si tenía los juguetes más caros
iba a poder seguir jugando hasta quedarme dormido

 ¿Cuántos poemas voy a pensar en escribirte antes de que me vengas a buscar?

el laberinto

llegué al laberinto enamorado

me moví en los trenes infinitos

para terminar otra vez cerca del mar

que

independientemente de su nombre

parece atraerme silente

como si tuviese miedo de que me fuera lejos

que lo engañase con la montaña o la tundra

tanto es su amor

que me trajo hasta el laberinto

a dos cuadras de él

lleno de habitaciones oscuras

resuenan con pasos nocturnos

y algún que otro grito de éxtasis

cuántos son los que caminan por sus pasillos

imposible que lo sepa

a veces siento que estoy solo 

a veces parecen multitudes

me invento ventanas

busco insectos en los rincones

invento olores menos antiguos

salgo de la tumba

como decidí llamar a mi habitación

y camino por los pasillos sin lumbre

hasta encontrar un patio

que parece sólo mío

lleno de hojas y silencio

puedo leer y esperar 

no se durante cuánto tiempo

a que vengas a rescatarme

o decida finalmente trepar

los muros bajos

para irme a escuchar el ruido del mar

lento y paciente

que parece llamarme

para que no esté tan lejos de él

19 de diciembre, 14 horas

  Estoy otra vez sentado en el patio. La llegada de P. a la casa la revitalizó, le puso mucha onda (y también algo de guita) para que se vea más linda y habitable. Yo no tengo particular interés en invertir mucho dinero y tiempo en una casa que no es ni siento mía, pero la ayudo y colaboro con lo que puedo, un poco para sentirme parte de algo y otro poco porque hay algo reconfortante en apropiarse de un espacio, aunque sea por unos pocos meses. Respecto a eso, estoy un poco receloso de C., el titular del alquiler, que es quién determina, como un juez silente, mi continuidad en la casa más famosa del país. Vuelve en abril, y para esa fecha pretendo tener algo de guita disponible para mudarme si así fuese necesario. El otro día visité a F., y realmente vive en un departamento hermoso, no muy lejos de acá. Paga unos 150 euros más que yo, y me hizo replantearme seriamente si vale la pena seguir durmiendo en La Tumba, aunque cueste más barato. Es algo para reconsiderar y tomar una decisión el año que viene.
    Sigo las noticias de amigos y conocidos en Mardel. Vi a mis amigos del taller de escritura en una foto grupal con motivo del primer aniversario del taller y no pude evitar sentir algo de nostalgia por no poder estar allá con ellos. V. no estaba en la foto, aunque sé que ya está en la ciudad.
    Acá las cosas siguen su curso natural:  no hay fiesta de fin de año, ni aguinaldo, ni caja navideña. Sólo explotación al migrante, individualismo y mucha soledad. Tanta es la soledad que uno acepta cosas impensadas en la comodidad del hogar. Por primera vez en muchos años, voy a trabajar el 25.