Estas últimas semanas tomé una nueva costumbre: me siento en mi silla (cirujeada en la calle) con los pies apoyados en mi cama de una plaza mirando para afuera. Por la ventana de mi habitación se ven las tejas de los techos, este es un barrio tranquilo del área metropolitana de Barcelona. En el momento que escribo esto dos palomas se apoyaron en el barandal, mirando curiosas para adentro. Hay muchísimas antenas con forma de flecha que apuntan para el mismo lado.
Tomo mates, está todo tranquilo.
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